Al fin pude comerme la estrecha cuevita mojada de mi linda nena. Ahora que enviudé, mi hija pasó a ser mi mujer.

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Descripción

Mi hija todavía vive en la casa, pero ya es una mujercita y, semanas antes de que su mamá muriera en un accidente de coche, entré a su cuarto sin avisar y la encontré desnuda, abierta de piernas y masturbándose. Me quedé estupefacto y con el palo bien tieso, tenía ganas de lanzarme a comérselo, pero me detuve y me fui. Cuando enviudé, necesitaba de una mujer y mi hija se acercó a mí. Dormíamos juntos y comencé a untarle el camarón en sus nalguitas mientras dormía. No pasé de ahí, hasta que una noche me desperté descubriendo la boquita de mi nena lamiendo y chupando desesperada mi verga, mucho mejor que su madre. Levantó la vista y me dijo “Tú lo quieres, pero no te atrevías”…desde entonces cachamos bien sabroso, en secreto.