La morra de mi hijo es una putita golosa que se lanzó en chinga a tragarse mi reata para probar si mi leche sabía mejor que la de él.

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Descripción

Nunca me imaginé que terminaría ensartándole el chorizo en la garganta a la novia de mi hijo mayor y tenía varios motivos para pensarlo. Para empezar, es mi sangre, y nunca imaginé traicionarlo dejando que su morra se arrodillara para comerme la reata. Dos, parecía que la chava estaba loquita por mi hijo y nunca me la imaginé culeando con otro, ni mucho menos que ese otro sería yo. Pero luego me enteré que el cabrón de mi hijo le metió el chile a su suegra, una dama elegante pero muy zorra, que se sigue viendo bastante bien porque apenas tendrá unos 42 años, y a la que hasta yo me hubiera empinado. Aparentemente su morra se enteró y le pagó a mi hijo con la misma moneda.