Le metí el camote de tijerita y la vecina se tragó tan chido mi fierro que terminé botándole los mecos bien adentro en su vagina. A ver si no la preño.

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Descripción

La vecina mi contrató para hacer unas chambitas de albañilería en su cantón. Desde el primer día, empezó a seducirme. Cuando su esposo salía a darle a la chamba, ella se quedaba conmigo haciéndome plática, coqueteándome, sirviéndome mejor que mi vieja. Me cocinaba rico y me pasaba las chelas cuando se las pedía. Comencé a nalgearla y a manosearla a cada rato, calentándola. Un día le dije, “vecina, no nos hagamos pendejos, usted es una puta viciosa que quiere verga y yo se la voy a dar” mientras apretaba sus nalgotas y besaba su cuello. Ella sólo dijo “sí, hazme tu puta, rómpeme el chocho” y me entregó la panocha, sumisa y obediente.