Nunca había probado macho mi sobrina, ¿y quién mejor que su tío favorito para enseñarle a disfrutar del sexo duro y candente?

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Descripción

Todo cambió el día que la encontré desnuda, dedeándose la panocha y apretándose sus ricas chichotas blancas en el baño. Nunca fue mi propósito espiarla, sólo me urgía orinar y no sabía que ella estaba ahí, pero una vez que contemplé su imagen divina disfrutando del placer de acariciarse solita la pepita, no pude moverme y me quedé ahí, tonto y con la verga dura como una piedra. Fue ella la que reaccionó primero y estiró la mano para cerrar la puerta, pero por accidente rozó mi verga y, por instinto, le arrimé el chile para que sintiera lo duro que me había puesto. Ella dudó un instante, pero enseguida agarró mi verga con toda la mano…