Un cabrón aprovechando que no estaba la pendeja de su esposa en la ciudad, se chingó a su suculenta amante hasta dejarla muerta de tanto gemir
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Un cabrón aprovechando que no estaba la pendeja de su esposa en la ciudad, se chingó a su suculenta amante hasta dejarla muerta de tanto gemir

Un hijo de la chingada de por ahí del norte, aprovechando que su vieja no estaba en la ciudad, se chingó a la sabrosa de su amante, una morrilla de Monterrey bien buenota, la cual tiene unas pinches tetotas tamaño melón. Su cuerpecito se movía al son de la verga, y estuvieron coge y coge hasta que la cabrona ya ni voz tenía de tanto gemir, el wey, sin pedos, como si no pasara nada, chingue y chingue todo el día.

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